ChatGPT y otras herramientas de inteligencia artificial pueden ahorrarte mucho tiempo: redactar un correo, resumir un documento o darte ideas. Pero lo que escribes en ellas sale de tu ordenador y lo procesa otra empresa. Antes de pegar nada, conviene saber qué no deberías compartir.

1. Datos personales de tus clientes

Nombres completos, teléfonos, direcciones, DNI o correos de tus clientes. Si los usas para algo que no sea atenderles, puedes estar incumpliendo la normativa de protección de datos, y la responsabilidad es tuya, no de la herramienta.

Qué hacer en su lugar: cambia los nombres por «Cliente A» o «la clienta» y quita cualquier dato que permita identificar a alguien. A la herramienta le basta con el contexto.

2. Información de salud u otros datos sensibles

Si tienes una clínica, una consulta o un centro de estética, extrema el cuidado: diagnósticos, tratamientos o historiales nunca deberían ir a una herramienta de uso general. Lo mismo con datos sobre ideología, religión o situación económica de las personas.

3. Contraseñas y accesos

Ni contraseñas, ni claves de acceso, ni códigos de verificación. Parece obvio, pero es fácil pegar un texto que los lleva dentro sin darte cuenta, como un correo de bienvenida o una captura de pantalla.

4. Datos bancarios y facturas completas

Números de cuenta, tarjetas o facturas con todos sus datos. Si necesitas ayuda para entender una factura o preparar un presupuesto, quita antes los datos bancarios y los de la otra parte.

5. Documentos confidenciales

Contratos, acuerdos con proveedores, precios pactados o cualquier cosa que hayas firmado no divulgar. Si tienes dudas, pregúntate: ¿me importaría que esto lo leyera alguien de fuera?

Tres hábitos que te protegen

  • Revisa la configuración de privacidad. Muchas herramientas permiten desactivar que tus conversaciones se usen para entrenar sus modelos. Búscalo en los ajustes de tu cuenta.
  • Anonimiza antes de pegar. Sustituye nombres y datos por ejemplos. El resultado suele ser igual de útil.
  • Revisa siempre lo que te devuelve. La IA se equivoca, a veces con mucha seguridad. Lo que envíes a un cliente debe pasar por tus manos.

Usar la inteligencia artificial con cabeza no es complicado. Se trata de aprovechar lo que te ahorra sin poner en riesgo la confianza de tus clientes.

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